Como al parecer ya es tradición, se ha ido la luz en dos kilómetros a la redonda de la universidad, justo cuando estamos estudiando para los exámenes finales. Previamente, la luz ha decidido ir en huelga de existencia en el examen final de Economía del semestre pasado. Recuerdo muy bien esa noche, por el caos inmenso que precedió a los dos segundos desde que se apagó la iluminación. Cuadernos volando, gritos de chimpance, gemidos de almas en pena que lamentaban su suerte maldita.
A pesar de que hoy no hubo examen de eco, la reacción fue bastante similar. Sin embargo, en la pensión ya estábamos preparados para una eventualidad como esta, y al cabo de una hora estábamos repletos de velas de todas formas y colores que llenaban el ambiente con un aire de monasterio medieval.
Velas en las escaleras, velas en las ventanas, velas en las mesas y en las sillas. Velas en los refrigeradores, velas en las puertas, velas en las velas y velas en los excusados. El plan fue todo un éxito y la iluminación permitió a mas de uno continuar con sus estudios. Por mi parte, yo decidí capitular y me enfilé a la taquería mas cercana.
También se les fue la luz. Cenamos tacos a la luz de las velas, la cena mas romántica que puedes tener por tres pesos y una cocacola.
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