En la pared que se extiende frente a mi, se yergue una amplia estructura que llena mi campo de visión.
Esta sujeta por minúsculos dispositivos metálicos que atraviesan el escaso grosor de las orillas de la entidad y se incrustan en la pared que esta detrás. Estos dispositivos se extienden dejando un espacio de 8 centímetros entre cada uno, a lo largo de todas las orillas, excepto por la inferior. Cada una de estas esta delimitada por una delgada cubierta de aluminio, que se extiende hacia dentro del grueso de la estructura por un centímetro. Esta cobertura metálica delimita su forma y parece soportarla, evitando que la superficie se derrame hasta el suelo, o que se esparza por el espacio y se disuelva.
Además, la orilla inferior posee una alargacion que se dobla en el final de esta orilla, formando un ángulo de 90º con el resto de la estructura, y extendiéndose por todo su largo. Esta alargación posee una función propia, que será retomada mas adelante.
Dentro de sus orillas metálicas, y al parecer contenida por ellas, se extiende una materia verde, muy amplia y perfectamente rectangular.
Al parecer, esta materia verde es de un plano perfecto, un relieve uniforme sorprendente. Aunque un examen minucioso revelaría ciertas irregularidades en su diseño. Y cerca de su orilla derecha, colocados en desorden, -Aunque con un poco de imaginación forman los vértices de un rombo irregular- yacen cuatro frágiles puntitos de un material blanco. Son pequeñas partículas, quizá la cuarta parte de un frijol, y que parecen solitarios y abandonados en la colosal inmensidad verde que los rodea; que parece regodearse en la insignificancia y futilidad de los puntitos blancos.
Sin embargo, estas ligeras entidades no están exentas de misterio, y sus diminutos cuerpecitos se mantienen inmóviles en su posición en la superficie verde, rebelándose contra la fuerza de gravedad que debería arrastrarlos hacia el suelo. ¿Cuál es el origen de estos pequeños magos de la levitación? ¿Cuál es su relación con la superficie verde y cuál es su función? Quizás fueron colocados por una civilización de nombres olvidados, como un recuerdo a las generaciones por venir de la futilidad de la vida y lo que le atañe. Quizá han estado ahí desde el principio, y la Estructura cuelga de la pared frente a mi desde el comienzo de los tiempos. Quizá esta superficie es parte de un Dios de un panteón olvidado y estos puntitos son sus emisarios. El silencio se mantiene y, misteriosos, los puntitos blancos no hablarán para traer solución a este enigma.
Pero es posible encontrar algunas respuestas sobre el contenido de esta Materia Verde en su frontera metálica inferior, en esa alargada superficie que se extiende hacia afuera. Si observásemos con mucha atención, veremos que recargados contra esta superficie, que utilizan como un suelo plantado en medio del vacío, -Quizá funcionaba esta especie de suelo para atrapar los ancestros de los puntitos blancos que envejecían y caían de sus puestos en la materia verde- se encuentran dos Artefactos.
Uno de ellos es un cilindro alargado de un blanco polvoroso. Uno de sus extremos esta desgastado, como si el tiempo hubiese erosionado su resistencia, dándole un aspecto decrépito antes de tiempo, dejando al resto de su superficie cilíndrica lisa y agradable a la vista.
Lo primero que llama la atención es que este Artefacto esta compuesto por una inmensa cantidad del material blanco que constituye a los puntitos blancos. Es muy probable que estos hayan sido creados por este Artefacto, aunque la razón por la cual se resisten a la gravedad aún se nos escapa, así como el motivo de su existencia.
Pero el Artefacto cilíndrico no es el único que descansa en el delgado suelo de metal. A su lado, apoyándose perezosamente contra la orilla de metal y parte de la superficie verde, reposa una extraña entidad de forma rectangular y un grosor de al menos tres centímetros y medio. Esta dividido en dos materiales que le dan su aspecto: El primero es de color azul, de apariencia sólida y al parecer sirve de base al segundo, que es amarillo y construido de un material suave y esponjoso, al parecer hecho de cebras enhebradas que le dan una forma peculiar, como una alfombra. Y ¡Oh, horror! Un extraño polvo blanco, peligrosamente parecido en color y textura al material que forma al primer Artefacto y sus puntos, reposa en la superficie amarilla.
Ahora se nos ha revelado mas sobre la naturaleza de la Estructura pegada a la pared frente a mí, y podemos hacer conjeturas.
Es probable que estos dos Artefactos sean espíritus o dioses de la Superficie Verde, originarios de mas allá del mundo contenido por las orillas metálicas. Posiblemente, la Estructura haya sido creada por estos o por un dios mayor, con algún objetivo desconocido, quizás para entretener a su progenie.
Y es muy probable, dada la composición de estos dos dioses, que ambos sean enemigos mortales, o al menos de naturalezas opuestas. Mientras que el Artefacto cilíndrico blanco recorre los confines de la superficie verde, dejando surcos y entidades blancas como prueba de su poder creador. Y siguiéndole los talones corre veloz y terrible el Artefacto azul y amarillo, como un dios destructor que ha jurado arruinar todo lo que su hermano crea. Lo que el uno diseña, el otro destruye en cuestión de instantes.
Posiblemente, esta lucha se extendió durante tiempos inmemoriales, y evidencia de esto es que si observamos la superficie verde con total atención a los detalles, descubrimos delgadas vetas blancas que se extienden por toda su superficie, como pálidos fantasmas transparentes de los que antaño fueron, antes de sufrir la ira del Artefacto Verde y Amarillo.
Pero ahora, en el momento en que la naturaleza de la Estructura pegada a la pared frente a mi, es analizada, solo restan los pocos puntitos blancos, las últimas creaciones del benévolo Artefacto blanco, intentando crear algo que perdurara antes de que su hermano pudiera destruir su obra.
Se puede decir que, tras combatir incansablemente durante mucho timepo, los dos dioses se agotaron de luchar y se retiraron de la materia verde, a reposar juntos en una tierra mas allá de sus fronteras, transformados en camaradas por el fragor de la batalla. Y ahora son testigos omniscientes de los misterios y vicisitudes que encierran las magníficas fronteras metálicas que enmarcan la inmensidad verde y sus puntos blancos, que habitan la gran Estructura pegada a la pared frente a mi.
PD: Si, esa clase no destacó por su capacidad para entretenerme.