sábado, 3 de octubre de 2009

Six Flags de Improviso

Cumplí con lo prometido y me desperté a las 10am tras marmotear mis buenas 14 horas. Tras acicalarme, decidí bajar por unos tacos en los restaurants de acá abajo, pues aunque el 90% esta cerrado los sábados, uno o dos deciden probar su suerte en temporada de exámenes y alimentar a los estudiantes hambrientos que se refugian en la comida para olvidar los horrores de un examen de cálculo diseñado para que el ex secretario de economía saque 9 si estudia duro.

En fin, que me encontré a unos amigos que estudian ingeniería, recién terminando su examen y me fui a comer con ellos. Resultó que iban a Six Flags y les faltaba uno.

Las montañas rusas son excitantes y están diseñadas para disparar tu adrenalina, lo que las convierte en el objetivo principal de cualquier persona de sexo masculino entre 12 y 99 años de edad. Salimos de ahí a las 9 de la noche, con un agudo dolor de cabeza y un mareo profundo provocado por los vasos sanguíneos que recorren el cráneo al ser dilatados por la agitación del trayecto.

Finalmente, en el viaje de regreso, chocamos. Fue un golpecito de nada, un simple rayón que desprendió poco mas de una línea finísima de pintura y sin mayores consecuencias. De todas formas, nos costó como 50 pesos por cabeza el callar a la señora histérica que berreaba con cientos de decibeles que le acabábamos de rayar el coche nuevo que acababa de sacar de la agencia. Ese coche podría haber tenido mi edad... De cualquier manera, habíamos recibido un descuento misterioso por ser día no festivo o algo así en el SF, por lo que ni así llegamos al presupuesto que teníamos pensado invertir inicialmente.

En resumen, fue un día sano y divertido, que destacó por ser inesperado por mi parte. El fin de semana que viene sigo con el resto de los exámenes, así que aprovecharé mi tiempo libre mientras lo tenga.

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