Tras mi ventana, a estas horas intempestuosas de la noche, se extiende la mole oscura de un edificio colosal, una silueta de amplias proporciones que esconde tras sus muros profundos secretos y pasillos largos y sombríos. Es la universidad a oscuras, siempre inmóvil ante la noche, sus ventanas lanzando reflejos plateados a la luz de la luna.
Es un sitio fijo, inamovible, que se mantiene incólume con el paso de los días... Con la única excepción, quizás, de la pequeña silueta que se yergue en una de las ventanas de la biblioteca. Una cuerda la sujeta firmemente del cuello y la balancea de un lado a otro de la ventana, en un macabro baile que se repite durante toda la noche, hasta que sale el sol de la mañana, y los hombres de intendencia descubren horrorizados el cuerpo de un estudiante que, de repente, ya no tenía la voluntad de vivir.
Es deprimiente la cantidad de veces que esto sucede cada vez que se publican las vacaciones de economía.
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