martes, 18 de mayo de 2010

Leyes de Murphy

Hoy puedo decir, con toda seguridad, que he comprobado científicamente las leyes de Murphy. Lo que tenía alguna posibilidad de salir mal, salió peor.
Todo comenzó cuando desperté y descubrí que era pobre. Pobre como el hambre. Pobre como un niño sin hogar que se saca la loteria pero al que su padre alcoholico le quita el boleto ganador y lo quema en la estufa en una borrachera. Pobre como estudiante que ha perdido su tarjeta de débito hace dos días y despierta sin un céntimo de dinero, ni agua, ni comida.

Por una extraña coincidencia, hace un par de días había perdido la tarjeta y no tenía ni un céntimo, ni agua, ni comida.

Valerosamente, con esa natural capacidad para mirar a la vida de frente que poseo, me senté en la cama y armé un berrinche. Cuando ese importante asunto estuvo resuelto, decidí que para alimentarme tenía que llegar al banco y abrir un nuevo contrato para que me dieran una tarjeta nueva. Me tomé un par de minutos para felicitarme a mi mismo por mi ingenio.

Antes de proseguir, debo aclarar un punto: Yo tengo una tarjeta de repuesto para estar preparado para la eventualidad de que pierda la primera. Por que ya contaba con que en algún punto de mi vida, la iba a perder. Con lo que no contaba era con que por alguna extraña linea de pensamiento, el banco decidiría que, en vista de que dicha tarjeta llevaba en ceros mas de tres meses, era procedente cancelarla. Sin avisarme nada al respecto.

Y con eso no contaba.

Fue un golpe del que me repuse rápidamente, me dije, mientras recorría valeroso los dos kilómetros que me separaban del Banco. Pudo haber sido peor, me dije. Pronto todo estará solucionado, me dije. Ya nada puede salir mal. Me. Dije.


Nada Puede Salir Mal

Eran aproximadamente las 10 de la mañana cuando crucé alegre y optimista las puertas del banco, cual Aquiles conquistador entrando triunfante por las puertas de Troya. Tres simples personas me separaban de la ventanilla donde debía ir para cumplir mi cometido. Sonreí para mi mismo. Estaría terminado en un santiamén...

Media hora después, el último retrasado mental terminaba lo que hubiese estado haciendo durante veinte minutos enfrente de la ventanilla. Mi teoría era que no sabía lo que era el dinero y necesitaba que alguien se lo explicase.

Mi conversación con el ejecutivo fue rápida: "No señor, esta en la ventanilla equivocada. Usted necesita hablar con mi compañero de dos ventanillas hacia la derecha. Si, el que tiene la fila de veinte personas. Si, el que estaba completamente disponible cuando usted entró. Que tenga un buen día, ¡MUAHAHAHAHAHA LOLZ!."

Salí del banco a las 11:30, con una molesta sensación de desespero, pero ya con mi nueva y reluciente tarjeta en mis manos. Éxito rotundo. Deshice la distancia hasta mi casa y me arrojé a mi cama. En cualquier momento, sería avisado por teléfono de que ya tenía presupuesto para alimentarme. La llamada no tardó en llegar.

"No, pues la cuenta esta desactivada. Vas a tener que ir al cajero a ver tu saldo, o algo asi, para activarla"

No hay problema, pensé. Mi universidad, que esta enfrente de la pensión, tiene un cajero. Es un mero inconveniente, nada mas. Por supuesto, el cajero estaba descompuesto. El mas cercano, estaba al lado del banco a donde acababa de ir no hacía ni diez minutos.

Se puede decir en ese momento que perdí un poco de mi sangre fría. Insultos fueron proferidos, amenazas contra los dioses fueron efectuadas. Patalée un poco.

Pero me recuperé rápidamente, y me lancé al camino con energía y decisión. Todo lo que sea necesario para conseguir un buen desayuno. Al fin, llegué sudoroso y jadeante al cajero, donde comprobé eficientemente que mi saldo presentaba unos bonitos y relucientes pares de ceros. Pero según esto, el problema estaba resuelto.

"Pues no, el problema no esta resuelto. Parece ser que las tarjetas no se activan hasta 24 horas después de sacarlas" Información que me habría venido de perlas antes de caminar hasta el cajero. "Mas no desesperes. Te envío una orden de pago al banco, te dan el dinero directamente a ti". Perfecto, ya estoy al lado del banco, esto debería de ser pan comido.


Resulta ser que para recoger una orden de pago, necesitas una credencial de elector. Detalle obvio para cualquier persona con un poco de sentido común. Sin embargo, yo había ido ahí a usar el cajero, no a recoger una orden de pago. Así que adivinen que cosa había dejado en la pensión.

Volví a la casa y recogí la tarjeta.

Caminé de nuevo hasta el banco. En el camino, patee un cachorro y empujé una anciana.

A un cachorro como este
Cuando crucé las puertas del establecimiento, ya no era Aquiles triunfante entrando por las puertas de Troya. Era Genghis Khan, sudoroso, suicio, despeinado, farfullante y muy irritado. Pero esta vez, logré mi cometido: Ya tenía dinero para desayunar. Salí suspirando, cansado pero feliz por haber terminado con éxito mi misión. Ahora solo tenía que llegar a mi casa y podría dejarme caer en la cama y olvidarme del mundo.

El camino se extendió ante mi como una malévola serpiente de cascabel, que se enrosca sobre su presa antes de clavarle cruelmente sus colmillos y devorarla.

Me lleva la mother de lucifer, simplemente no voy a llegar. No llego y no llego, punto. Me niego a moverme de aquí. Me pueden ir saliendo raíces, que no voy a mover ni un músculo. Me quedo aqui, en esta acera, disfrutando de la brisa, hasta que me de la regalada gana.

Comenzó a llover. Corrí hasta la casa, mientras la lluvia ácida creaba agujeros humeantes en mi ropa. En el camino, me aseguré de saltar sobre un charco de agua y empapar al niño pobre que lloraba en la calle porque se había sacado la lotería, pero su padre alcohólico había quemado el boleto en la estufa mientras estaba borracho.

Mas tarde, llegaba a mi casa, empapado, sudoroso, sucio, irritado y agotado hasta la mas profunda cifra de mi ser. Era un momento muy peligroso: Estaba tan cansado que ni siquiera tenia ganas de respirar.

Al menos, me dije, puedo dar el día por terminado y echarme a mi cama a dormir. He sobrevivido.

El reloj marcaba las tres y media de la tarde. Mi celular comenzó a sonar, era tiempo de ir a estudiar para los finales.

A este patee
MORALEJA: Gente, cuando comiencen a tener un mal día, cancelenlo todo y váyanse a dormir.




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