Mis pesadillas son realistas. Supongo que algo tendrá que ver mi instinto de escritor con eso. Cuando me defiendo, no lo hago como un heroico muchacho que busca destruir a su enemigo, si no de forma bastante desesperada, aterrorizada, luchando por mi vida. Unas pocas veces, consigo matar a aquello que me persigue. Entonces, despierto agitado, pero con un sentimiento de triunfo en el pecho.
A veces, resulto herido y aunque no siento dolor, estoy perfectamente consciente de que la herida es mortal y que me quedan pocos segundos de vida, que trato de usar desesperadamente para rematar a mi asesino, con la esperanza de proteger así a mis seres queridos... Si es que queda alguno. Esas sí te despiertan como lo hacen las pesadillas.
A veces, el sueño entero consiste en una extraña danza sangrienta. Poseo recursos y habilidades que normalmente harían que fuera un sueño bastante divertido y las utilizo con inteligencia en contra de aquello que me persigue, causándole una y otra vez un daño inmenso.
Y una y otra vez, no sirve de nada. Ni las balas, ni el fuego, ni ser sepultado en concreto, ni decapitarlo, ni dejar caer un auto encima. No consigo siquiera alentar su marcha. Y se sigue acercando despacio hacia mi. Y yo una y otra vez retrocedo, cediendo terreno, con la adrenalina corriendo por mi cuerpo, mientras me concentro en una lucha del todo inútil, negándome a aceptar el inevitable destino, mientras el cansancio se va apoderando de mí...
Mis pesadillas son horribles.
Pero algún día voy a dejar bien muerto a ese monstruo, o lo que sea. Aunque me tome 99 años de pesadillas. Oh si. Y en secreto, esperaré esas extrañas pesadillas; donde juego Halo 3 contra un hacker que tiene vida infinita. Alguna vez le ganaré. Estoy seguro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario