jueves, 27 de enero de 2011

Ilumínación

Al principio, estudiar es muy fácil. Tienes poca tarea que haces en la noche y los temas son sencillos y te dan mucho tiempo libre. Conforme pasa la primera y segunda semana, la tarea se va acumulando y tienes que releer una o dos veces la lectura para poder comprenderla.

El punto de no retorno ocurrirá entre la tercera y cuarta semana. Una reunión, una desvelada, un descuido o una hoja mal anotada. Faltarás a clase una vez. Olvidarás una tarea.

Entonces es tiempo de comenzar a sufrir. En esa clase, la profesora vió dos temas nuevos y los explicó a fondo. Jamás llegarás a entender siquiera como se llamaban esos dos temas. La tarea se irá acumulando como una gran bola de nieve que rueda directo hacia la puerta de tu casa.

Puedes olvidarte de tus tiempos de felicidad. Ya nunca comprenderás del todo un tema, ya nunca volverás a estar al corriente en la tarea. Bien puedes dar de baja la materia, tan pocas son tus esperanzas de sobrevivir el semestre.

Todo porque tu jodido despertador estaba programado para las 7:59 en vez de las 5:59.

Existen los dioses. Y nos odian.

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