Asi que decidí festejar mi merecido descanso y fuimos varios muchachos de la pensión a un restaurant en diosabradonde y vimos el partido de México contra Costa Rica. Tal como lo sospechaba, cuando el equipo Mexicano se enteró que yo estaba presente y pendiente de sus movimientos, decidieron dar su mejor esfuerzo para impresionarme y se llevaron el partido. Yo consideré su actuación como aceptable.
Tras eso, terminamos la cena y nos dividimos en varios taxis. El chofer del mío estaba en un estado avanzado de ebriedad, y nos dimos cuenta cuando se lanzaba con valor espartano contra los coches en el periférico. Me despedí mentalmente de mis seres queridos.
Por fortuna, la combinación de los reflejos chilangos del taxista y nuestros consejos a sangre fria (-CUIDADO CON EL POSTE, EL POSTEEEEEEEEEEEE), logramos llegar a salvo a casa.
Ahora tengo la oportunidad de seguir durmiendo y no dudo que la voy a aceptar.
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