Gracias a mi talento para perder los horarios, el mio estaba oculto en algún rincón del puerto de Veracruz y yo estaba abandonado a mi suerte para localizar mis salones correspondientes. Por fortuna, contaba con mis estupendas dotes deductivas, ¿Qué podía salir mal? Con esta seguridad, me enfilé hacia el salón que debía ser el de mi primera clase, Introducción a las Matemáticas.
Terminé en Cálculo Avanzado. Como nota al margen, el profesor que imparte esa materia es muy bueno. Lástima que yo ni siquiera tenga algo que hacer en Calculo, por que estudio Relaciones Internacionales.
Tras ese leve percance, decidí tramitar mi horario lo mas pronto posible, para evitar otra situación similar. Pues volvió a suceder, en la clase siguiente, que terminé tomando con gente del 3er semestre. Fue bastante interesante que nadie se diera cuenta de que yo era nuevo en el salon, pero todos estaban tan dormidos que ni la maestra se dio cuenta...
Por fortuna, el resto de mis clases las tomé en el sitio donde debía, ya con mi nuevo horario en la mano. Solo espero no volverlo a perder. Entonces tendría que volver a pasarme por Cálculo, a ver que tal les esta yendo sin mi, supongo...
Tras ir a cenar, volví a los departamentos y me encontré con el resto de mis compañeros. Estuvimos discutiendo importantes materias hasta entrada la noche, de esas que son vitales para el desarrollo pacífico de la humanidad. Llegamos a dos conclusiones: Freud estaba enamorado de su madre y estaba loco como cabra en el monte, y el alcohol te encoge.
Con estas máximas filosóficas doy por finalizado el día.
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